La aldea financiera

La historia que aquí vamos a contar podrá parecer extraordinaria. Lo es.

Se refiere a lo que se ha convenido en llamar "el planeta financiero". El también denominado Global Village o, mejor aún, la aldea financiera. En este mundo de apariencia impenetrable la información circula prácticament en tiempo real. El lenguaje está codificado, el no iniciado es mantenido a distancia, las reglas del juego raras veces están escritas o son comunicables. Fuera de este microcosmos mucha gente actúa como si la especulación, las fusiones o los desplazamientos de la masa financiera realizados a la velocidad de la luz no tuvieran ninguna incidencia en nuestras vidas. Sabemos que los banqueros o los brokers compran, venden, cumplen órdenes y, de vez en cuando, comunican con el exterior para decir que todo va bien. Poseen su propia prensa, sus programas y cadenas de teleævisión, sus libros escritos por especialistas, sus índices bursátiles, tienen que fabricar sus propios mitos.

Al prinicipio, un hombre de las altas esferas luxemburguesas será nuestro guía...

La primera vez que vi a Ernest Backes fue hace cuatro años en una oficina del sindicato de carniceros de Luxemburgo. Había aparcado un viejo Ford Scorpio en el parking y lo primero que pensé de él fue "Anda, este tío circula en Ford Scorpio". El cuentakilómetros marcaba 300.000 kilómetros. "Mira por donde, los Scorpio aguantan", fue la segunda idea que me pasó por la cabeza ese día. Si no, recuerdo que este hombre era ya un enigma y un motivo de irritación. Ante mi mirada incrédula, este bebedor de Rosport (el agua con gas luxemburguesa) hablaba como un libro abierto. (2) "Con él hay que saber tomar y dejar", me decía a mí mismo. Y me equivocaba. Porque lo que ahora sé abre una especie de abismo bajo mis pies. Vamos a tener que correr muy deprisa.

Ernest Backes nació en Tréveris, en Alemania, en 1946. Tréveris es la ciudad natal de Karl Marx. Este no es el único punto en común entre ambos. Los dos son barbudos, corpulentos y capaces de atentar contra los intereses del capitalismo. Evidentemente, uno es más conocido que el otro. Y más filósofo. Pero el otro está vivo. Lo que no deja de ser una ventaja en el asunto que nos atañe. Vivo, lúcido y en posesión de una buena memoria.

Todo lo que va a seguir es el relato de lo acontecido desde principios de los años setenta en torno a una agrupación de bancos implantados en el mundo entero. Sobre todo en Inglaterra y Luxemburgo, pero también en Francia, Alemania, Bélgica, España, Italia, los Países Bajos, Suiza, EE. UU. y en bastantes paraísos fiscales. Al principio se trataba de unos cien bancos que habían montado una especie de cooperativa interbancaria. Hoy en día, las listas de cuentas que hemos descubierto demuestran que ya son más de dos mil entidades financieras las que, en representación de más de cien países, utilizan unas quince mil cuentas de las que sólo la mitad existe oficialmente.

Ya volveremos a estas cifras y a ese extraño servicio consistente en proponer a los clientes la posiblidad de que su nombre no aparezca jamás en las operaciones financieras internacionales. Estos clientes pueden ser banqueros, pero también gerentes de sociedades de inversión, hombres de paja al frente de compañías offshore,1 individuos que intentan colocar parte de sus fortunas lejos del alcance del fisco, policías o militares al mando de diferentes servicios secretos, dirigentes de multinacionales.

La historia que vamos a contar demuestra la existencia y la utilización de un sistema de ocultación de operaciones bancarias establecido con el aval de directores de banco, directivos financieros, gerentes de compañías implantadas en el mundo entero y políticos influyentes. Este sistema está perfectamente organizado, es fácil de utilizar y siempre operativo.

Varias son las razones que explican esta necesidad de ocultar transferencias bancarias internacionales, y van de la simple búsqueda de confidencialidad en el marco de operaciones comerciales al blanqueo de dinero negro, pasando por el uso de información privilegiada, la corrupción o la evasión de impuestos. Las actividades financieras así ocultadas al mercado, al fisco, a la competencia o a los otros servicios secretos pueden ser legales o estar al borde de la ilegalidad.

También pueden ser criminales.

En estas páginas acusamos a los utilizadores, a los gestores y a los administradores de este sistema financiero internacional, y también a los dirigentes políticos luxemburgueses, europeos e incluso americanos que han permitido a dichos clientes la ocultación de transferencias de fondos y títulos, cuando no los han utilizado ellos mismos.

El fraude podría alcanzar -si hubiera cálculos capaces de estimarlo retrospectivamente- varios cientos de miles de millones de dólares. El número de ceros no tiene importancia. Lo que importa es explicar que un sistema en principio sano, destinado a facilitar las operaciones bancarias internacionales, ha sido desviado de sus objetivos iniciales.

Las principales víctimas de dicho sistema son los Estados, que no han cobrado los impuestos debidos por algunas operaciones internacionales ocultas, los millones de accionistas y titulares de cuentas corrientes a los que no se informa de tales prácticas, y por supuesto los contribuyentes, que son los que al final acaban por pagar el pato. Desde nuestro punto de vista se trata de un escándalo mundial. El lugar de origen está localizado. Una de las estructuras a las que acusamos de haber protegido y facilitado este tipo de prácticas tiene su domicilio social y la mayor parte de sus oficinas en la ciudad de Luxemburgo.

Es importante saber que uno de los diseñadores del sistema murió en 1983 en Córcega en extrañas circunstancias. Se llamaba Gérard Soisson.

Es importante saber que el otro diseñador del sistema en cuestión es Ernest Backes. Que durante dieciocho años se ha callado deseando sin duda que un día se publique lo que aquí se va a exponer.

Sólo dos compañías internacionales de clearing realizan la mayor parte de las transacciones internacionales del planeta financiero

En Luxemburgo, un pequeño país sin historias ni agitaciones en el corazón de Europa, hay declarados doscientos diecisiete bancos. Luxemburgo y su legendaria discreción. Luxemburgo, con su casa real y sus políticos con proyección europea. Luxemburgo y el apoyo indefectible del Tío Sam desde 1945. Luxemburgo y una riada de dólares, euros, francos, yenes, marcos, florines... Luxemburgo y sus 430.000 habitantes que capitalizaron en Bolsa 554 mil millones de dólares en 1999:2 cuatrocientas veces más que las Bahamas, cincuenta veces más que las islas anglo-normandas, veinticinco veces más que (5) las Islas Caimán, dos veces más que Singapur, más que Hong-Kong...3 La mayoría de los luxemburgueses ignoran lo que vamos a revelar en este libro. Pero un ignorante no es necesariamente un primo. Uno puede ignorar los detalles.

La estructura financiera a la que acusamos se llama Clearstream. Este nombre es reciente. El cambio se produjo en septiembre de 1999. Antes, Clearstream se llamaba Cedel, lo que significa Centrale de livraisons de valeurs mobiliers (Central de entrega de valores mobiliarios). La Cedel fue fundada el 28 de septiembre de 1970 en Luxemburgo como una de las las dos cámaras de compensación internacionales.4 La otra se llama Euroclear y su domicilio social está en Bruselas.5

Se suele decir y pensar que el dinero, sobre todo el dinero virtual, el de los ordenadores de los bancos, no tiene memoria y circula a la velocidad de la luz de una cuenta a otra, de un paraíso fiscal a otro. Sin dejar la menor huella de su paso.

Esto es una falacia.

La historia de este dinero y de sus incesantes movimientos está inscrita en los libros de cuentas de estas cámaras de compensación. En los peculiares archivos de las también llamadas compañías de clearing.6 Obviamente, todo el problema radica en ser capaz de leer esta contabilidad, de interpretar sus huellas.

Nos encontramos ante una abstracción absoluta, el dinero ha dejado de existir desde hace tiempo

Ernest, pues. Yo acababa de abandonar el periódico francés Libération tras doce años de trabajo. Había escrito un libro en el que relataba mi viaje al centro de los escándalos político-financieros.7 La publicación de este tipo de obras acarrea una inevitable cohorte de tipos con la paranoia del complot permanente y de víctimas del sistema judicial. Entre estos últimos, un joven luxemburgués que se puso en contacto conmigo. Se trataba del hijo del diputado liberal René Mart, sobrino del antiguo ministro de economía Marcel Mart, primo de la presentadora del telediario de la Radiotelevisión luxemburguesa, Caroline Mart. Marco Mart -éste era su nombre- había sido expoliado por uno de los principales bancos luxemburgueses, el Banco Internacional de Luxemburgo (BIL),8 y se había enzarzado en una batalla judicial que aún hoy dura. Traicionado por sus abogados, abandonado por las autoridades judiciales, en ruptura con el resto de su familia tras la muerte de su padre, recibía el apoyo en sus investigaciones de un misterioso consejero del que no quería revelarme la identidad. Este silencio avivaba mi curiosidad. El hombre quería pasar desapercibido.

Mis preguntas al respecto no obtuvieron respuesta hasta que se produjo la Declaración de Ginebra.9 Esta iniciativa atacaba -por primera vez desde una perspectiva política- la hipocresía de los paraísos fiscales. Esto tuvo que agradar a Ernest Backes. En su primera carta me proponía convertirse en el Sancho Panza del Quijote por el que me tomaba : "Ya sé que se trata de molinos de viento, y lo voy a demostrar", me escribía. Con ello quería decir que seguramente nuestra lucha iba a ser inútil, pero que llevarla a cabo merecía la pena.

Así que empezamos a escribirnos, a mandarnos recortes de periódico, documentos. Él había emprendido investigaciones interminables, generalmente dirigidas por la policía, los servicios fiscales o los magistrados de países limítrofes de Luxemburgo, para conseguir información gracias a sus relaciones en el medio bancario. Volví a establecer contacto con Marco Mart con motivo de un documental,10 y éste acabó por presentarme a su misterioso consejero.

Ernest Backes habló largo rato pero rechazó ser filmado. Después, tras habérselo pensado, aceptó mostrarse a cara descubierta. Era el primer paso hacia una especie de coming out personal.

Ernest era el gestor de una cooperativa de carniceros luxemburgueses. Este trabajo -lo supe más tarde- era un medio de subsistencia al tiempo que una tapadera. Para la persona que había diseñado uno de los dos sistemas mundiales de clearing bancario internacional, semejante descenso había tenido que ser difícil de encajar. Ernest no dejaba ver nada de esto. El Scorpio, último vestigio de los tiempos en que trabajaba como banquero, estaba aparcado abajo. Mientras tanto, su dueño gastaba tiempo y energía en explicarme algo que yo apenas empezaba a entrever. Me estaba entregando, a trocitos, las piezas del puzzle que yo tenía que montar y del que no percibía los bordes.

Yo encontraba a Ernest interesante pero confuso, original pero demasiado prudente, generoso en las explicaciones pero frío en su manera de exponer los hechos, y muy tajante cuando uno dudaba de lo acertado de sus análisis. Con un tono a menudo violento, manifestaba un apego ambiguo hacia su país. Dispuesto a fustigar el comportamiento de una buena parte de los dirigentes comprometidos, dudaba en sacudir demasiado el tronco del cocotero por miedo a que su gesto fuera mal interpretado. También por miedo a que la explosión fuera demasiado devastadora.

En Luxemburgo el silencio es una virtud. La sonrisa educada igualmente.

En Luxemburgo, los partidos en el poder desde el final de la guerra -de los social-cristianos a los liberales, pasando por los socialistas- siempre han mantenido estrechas relaciones con los bancos. Los representantes de los primeros son miembros de los consejos de administración de los segundos.

En Luxemburgo, los jueces son discretos. Muy discretos. Y los miembros de la policía financiera escasos. Muy escasos.

En Luxemburgo, los banqueros cuentan con amigos a los que hay que proteger de quienes hacen demasiadas preguntas. Y la Iglesia católica vela por todo este mundillo tranquilo y próspero.

Desde el principio de nuestra relación epistolar me di cuenta de un rasgo del carácter de Ernest Backes que sería confirmado a medida que fuimos avanzando en nuestro trabajo común. Su cabeza funciona de manera arborescente. Sus relatos encajan unos dentro de otros. Una jornada con él resulta agotadora. Al volver a casa al final del día hay que ensamblar las piezas pacientemente.

Me dije a menudo que más valía tirar la toalla

Ernest habló largo y tendido del clearing. Era la primera vez que yo oía esta expresión. No hay equivalencia directa en castellano. Se puede hablar de lavado o lustrado. ¿Una forma de limpiar lo que está sucio ? Apropiado pero un poco simplificador. Es preferible, aunque la traducción no sea literal, hablar de liquidación. Esto es lo que Ernest decía : "Hoy en día, las grandes transferencias internacionales entre instituciones bancarias ya no transitan por los bancos. No hay envío material de valores o de dinero líquido. Todo esto se realiza a través de la faxmoney11"

Esto es un dato fundamental. El dinero ya no existe. Para ser más preciso, la noción sigue existiendo pero el objeto ya no existe de la misma manera. El término dinero ya no se refiere a lo que mismo a lo que se refería antes de la invención del chip y del clearing. Todos los intercambios entre los diferentes actores del mercado financiero se realizan ahora a través de un sistema basado, tal y como decía Ernest Backes en el documental, "en la confianza mutua entre sus diferentes miembros".

Por esto se dice que el dinero se ha desmaterializado. El problema de quienes poseen riquezas es siempre el de invetirlas y transformarlas en títulos : participaciones en sociedades gestoras de fondos de inversión de capital fijo o variable, acciones, obligaciones...12 A su vez, estos títulos se han desmaterializado y ya casi no existen en forma de papel. Varios millones de títulos cada vez más virtuales -es decir sin la menor existencia física- son negociados todos los días gracias a las compañías de clearing.

¿Cómo se registra el intercambio ? ¿Quién garantiza la solvencia de las partes ? ¿Cómo se prueba la venta ? Si el dinero y los títulos cruzan las fronteras, ha de existir una huella de ello. Esta intuición constituyó mi punto de partida.

A partir de él, y gracias a las explicaciones de Ernest, comprendí rápidamente la lógica de los sistemas de clearing : conservar una huella de los intercambios pero también ganar dinero lo más deprisa posible y lo más lejos posible de las miradas ajenas... Y una vez que el dinero ha sido ganado, invertirlo lo antes posible y lo más lejos posible de las miradas ajenas...

Las dos obsesiones de los gestores del planeta financiero son la aceleración de la velocidad de los intercambios y el reforzamiento de la discreción en lo tocante a su naturaleza y a su montante. Al lado de ello subsiste otra necesidad vital : conservar en un lugar seguro y, si es posible, difícilmente accesible una prueba de estos intercambios.

Para hacerse una idea de las cantidades en juego, hay que saber que para los actuales directivos de las compañías de clearing el patrón es el billón de dólares o de euros. Ante la mirada estupefacta del interlocutor añaden que se trata de "doce ceros". Por ejemplo, en el año 2000, la compañía Clearstream anunció que sus cuentas albergaban diez billones de euros. O dicho de otra manera, el sistema Clearstream conserva anualmente diez billones de euros en valores. Unas 47 veces el presupuesto de un país como Francia... La competencia, Euroclear, anunció por su parte una cifra de siete billones de euros. Ambas compañías reconocen haber realizado unos 150 millones de operaciones anuales respectivamente. Si se considera únicamente la cifra de los valores que no hacen más que transitar por ambas redes, las cifras de 1999 son aún más edificantes si cabe : Euroclear anunciaba en sus sistema 45 billones de euros en capitales "solventados" ; la Cedel, algo menos de la mitad.

Más allá de las cifras y de la terminología, la noción que hay que retener es la de "confianza". Como en cualquier tipo de intercambio financiero, el comprador ha de confiar en el vendedor. Y viceversa. La compañía de clearing es el lugar donde se establece esa confianza entre dos partes que a veces ni siquiera se conocen.

Abstracción total. Como el dinero en su forma habitual ya no existe, como los títulos comprados y vendidos ya no son palpables, como resulta imposible (salvo en raras ocasiones) cobrar materialmente las ganancias engendradas, hay que hacerlo de manera virtual. Nos encontramos pues ante una antinomia. ¿Cómo recibir algo virtual ? Es aquí donde interviene el clearing. Para esto ha sido ideado : para garantizar la solvencia de las partes e inscribir en un lugar determinado, por medio de documentos precisos y concretamente visibles, que el intercambio (de valores, de títulos, de acciones, de obligaciones, de distintos tipos de certificados, o de dinero) se ha realizado.

Los banqueros usan la expresión "solventar" y dicen que la transacción se ha "solventado". Par explicar en qué consiste el clearing añaden gustosos que lo que hacen es un "pago-entrega". Algo así como una empresa de venta de pizzas a domicilio, salvo que las pizzas son substituidas por títulos de propiedad y los ciclomotores de los que las entregan por un modem conectado al teléfono.

Las compañías de clearing son los notarios del nuevo mundo. Como los notarios, aprecian la discreción e incluso el secreto. Todo lo referente a sus prácticas y estrategias debe permanecer lo más lejos posible de las miradas ajenas. ¿Qué miradas ? La suya. La mía... Una buena parte de sus esfuerzos está destinada a embaucar a la prensa financiera. En cuanto al resto de los periodistas, la cosa es más complicada y al mismo tiempo más sencilla, pues muy pocos se han interesado hasta ahora por estos asuntos. A los adeptos del clearing les horrorizan las preguntas (sobre todo las más sencillas) y los preguntones.

Me sorprendió constatar que la compañía Euroclear, propietaria de uno de los rascacielos más bonitos de Bruselas -una construcción de cristal de dieciséis pisos que alberga 1300 empleados-, no arbore ningún signo distintivo en la fachada. Ni siquiera un nombre en un buzón. El único signo ostensible de su existencia es un reloj cuya cuenta atrás marca el tiempo que nos separa del paso al euro. Este reloj, con la sigla de la firma, se encuentra a cincuenta metros del inmueble. Un empleado de Euroclear me explicó las razones de semejante anonimato : se temían las agresiones de los militantes antiglobalización. Las compañías de clearing se perciben a sí mismas como los instrumentos esenciales de la globalización.

Frente a esto, Clearsteam, la compañía luxemburguesa, hace alarde de su nuevo nombre sobre la fachada de una preciosa casa en uno de los barrios más elegantes de Luxemburgo. Allí, la mentalidad es diferente. Se prefiere hacer ostentación de la riqueza. No hay temor a las manifestaciones. La última fue hace ya tanto tiempo... Yo pensaba que Clearstream quería decir algo así como "corriente clara". Los empleados de la empresa insistían irónicamente en una traducción algo diferente. Según ellos, Clearstream significaría "el río que limpia".

Me costó aceptar la idea de que Ernest Backes iba a ser el hombre que me permitiría pasar al otro lado del espejo de la bolsa, a la trastienda de la aldea financiera. Si en el argot financiero la Bolsa es el lugar del enfrentamiento (front office), el clearing es el de la intendencia (back office).

Este comedor de lechuga de cien kilos, que bastante a menudo sepulta sus relatos bajo una tonelada de detalles en apariencia anodinos, es el dueño de un tesoro, una llave que permite acceder a los pequeños y gran secretos del Global Village, ese universo de cifras, de tics y de códigos en el que poseer la información antes que los otros es la primera señal de poder. Ernest Backes, el jubilado luxemburgués en cuyos dossiers se cruzan los negocios de la mafia italiana y las actividades de misteriosas sociedades secretas como el Bilderberg o la Trilateral, el tipo que se saca de la manga un vendedor de armas influyente y supuestamente conocido por todo el mundo, que conecta demasiado rápido hechos, personas y acontecimientos, no se caracteriza por sus capacidades pedagógicas. Es más bien alguien incontrolable.

Ernest basa su fuerza y sus convicciones en sus investigaciones. En un momento dado de su vida profesional comprendió que trabajaba en el mismo centro de las transacciones financieras internacionales. Comprendió lo que pasaba. Vio lo que nadie había visto. Lo que no debe dejar de producir una sensación bastante peculiar.

La compañía de clearing es el lugar donde se aceleran y registran las transacciones. También donde se ocultan.

Volvamos unas décadas atrás. ¿Qué hacía un agente de seguros de Chicago que quería vender parte del capital de su compañía a un armador griego ? Pues iba a su banco, por ejemplo el Bank of New York, y le confiaba la misión de vender los títulos. El banquero cogía entonces un avión a Atenas y se ponía en contacto con el banquero del armador, por ejemplo la filial griega del ABN Amro Bank. En un primer momento, el clearing permitió ganar tiempo y por lo tanto dinero. Ninguna necesidad de desplazarse. Un organismo central garantiza la realidad del intercambio. El principio de base es sencillo : reunámonos entre banqueros de distintos países y creemos un lugar seguro donde serán registradas y avaladas las diferentes operaciones bancarias. Mientras que la Bolsa reúne las diferentes partes de una transacción, la sociedad de clearing es una estructura de apariencia pasiva. Los títulos no cambian de lugar, lo único que cambia es el nombre del propietario. La compañía de clearing se encarga de registrar y avalar la modificación.

Hoy en día existen quince organismos nacionales de clearing en Europa.13 Desconocidos por los clientes normales de los bancos, los clearing nacionales se limitan a la compensación de las operaciones de intercambio de capitales en el interior de un país.

Por lo que respecta a las compañías de clearing encargadas de las operaciones internacionales de transferencia de capitales, sólo existen dos. Una, Euroclear, cuenta con 1.350 empleados de los que 1.300 trabajan en Bruselas y el resto en unas diez oficinas de representación implantadas en todo el mundo. La otra, Cedel, tiene su sede en Luxemburgo y cuenta con 1.700 empleados de los que la mitad ocupa distintos edificios situados en el centro y en la periferia de la ciudad, donde se encuentra Kirchberg, el centro europeo de negocios de Luxemburgo. Las otras agencias de la Cedel están en Londres, Tokyo, Nueva York, Hong-Kong, Dubai y México. Desde aquí podemos afirmar que la mayor parte de los intercambios internacionales de títulos transita por la Cedel o Euroclear. Este paso obligado por una de estas dos compañías de clearing implica el registro de la operación en tiempo prácticamente real y la conservación de la huella de este tránsito en documentos codificados.

Aquí hablamos de transferencias de títulos. Aun cuando Euroclear y la Cedel realicen transferencias de dinero, su especialidad sigue siendo la transferencia de lo que los banqueros llaman "valores mobiliarios".14 Ambas compañías poseen prácticamente el monopolio de los intercambios de obligaciones a nivel internacional. El comercio de obligaciones permite pedir dinero y prestarlo sin que el nombre de las partes aparezca indicado en otro lugar que en los documentos internos del banco. Se trata de uno de los productos financieros predilectos de los encargados del blanqueo del dinero negro y de los clientes que manejan mucho dinero en efectivo... De esta manera, la Cedel y Euroclear intercambian una enorme cantidad de acciones, participaciones en las sociedades gestoras de fondos de inversión mobiliaria e inmobiliaria, certificados de explotación de yacimientos auríferos y dinero en efectivo.

Ernest Backes me explicaba lo siguiente en la época en la que yo preparaba el documental : "El dinero que entra en las Bahamas, Liechenstein, París, Frankfurt y Luxemburgo, circula en el interior del sistema. También puede salir de las redes financieras internacionales en un momento dado para ser invertido en la industria. La pregunta que hay que hacerse es la siguiente : ¿cuánto dinero sale de los grandes circuitos internacionales para ser invertido realmente en la industria ?"15

Y añadía : "Si quisieras organizar hoy en día la lucha obrera conta el denominado ’gran capital’, ¿a quién atacarías ? Hace cien años, cuando nacieron los primeros sindicatos, era posible atacar a los Thyssen, los Krupp, las grandes figuras de la industria de la época. Ahora, si quieres organizar la lucha contra el gran capital, tienes que dirigirte a los accionistas o a los propietarios de carteras de valores mobiliarios domiciliados en Vanuatu..."16

Estas declaraciones motivaron mi deseo de comprender el funcionamiento de estas redes bancarias internacionales. Las redes en las que el dinero circula y desaparece, las que alimentan el pozo sin fondo constituido por los bancos instalados en los paraísos fiscales. El juez Baltasar Garzón simboliza con una imagen este combate de los jueces contra los criminales de cuello blanco. Para él, los magistrados son como los mamuts luchando contra los leopardos. "Cuando el mamut llega a la guarida del leopardo, éste se encuentra ya lejos desternillándose de risa." La lentitud de los jueces está relacionada con la ausencia de un espacio jurídico común, mientras que la rapidez de los leopardos procede del clearing.

En estas páginas vamos a demostrar que una perversión de los sistemas de clearing ha facilitado en gran manera el fraude a nivel internacional. También veremos que las posibilidades de fraude insitas en el sistema son prácticamente imperceptibles. Vamos a presentar, pues, un universo donde se materializan lo que se ha convenido en llamar "las finanzas paralelas". Veremos que los discursos oficiales están muy alejados de la realidad de los intercambios financieros, como lo demuestran las listas de cuentas en nuestro poder.

Al principio pensé que todo iría sobre ruedas. Presenté Ernest Backes a algunos magistrados que habían firmado la declaración de Ginebra, pero el contacto no fue bueno. Incluso con Jean de Maillard las relaciones fueron difíciles.17 Ernest Backes no ejercía ya ninguna función en la plaza financiera luxemburguesa y sus explicaciones eran demasiado alambicadas para suscitar en los magistrados un interés que fuera más allá de la simple cortesía. Por su parte, Ernest Backes manifestaba su sorpresa ante la falta de cultura financiera de estos jueces, que los medios de comunicación presentaban como las principales lumbreras en la lucha contra el crimen organizado. Todos andaban a la búsqueda de medios para luchar eficazmente contra la delincuencia financiera, pero la mayoría de ellos no había oído hablar nunca del clearing...

Todavía no sé, en el momento en el que acabo este primer capítulo, si este libro será publicado. Desde hace un año han surgido muchos obstáculos imprevisibles que me han impedido llevar este trabajo a término. Implicado en distintos asuntos pendientes como colaborador judicial, Ernest no quería "gastar todas sus municiones" y prefería ceder la exclusividad de algunas informaciones a los magistrados. ¿Qué fue lo que le decidió a hablar ? Las dificultades con las que se topó para hacer oír su mensaje en las altas esferas judiciales. Mi insistencia también.

Una de las primeras críticas que se me hizo consistió en decir que yo era víctima de una manipulación. Por razones poco claras, Ernest sería un mitómano e intentaría manipularme. Esta idea me pasó por la cabeza al principio de nuestra relación. Pero mi trato con el hombre y el estudio de los documentos me persuadieron de lo contrario. Sin lugar a dudas, Ernest hubiera preferido seguir pasando desapercibido.

A lo largo de todo este trabajo intentamos ser discretos. Hablamos poco por teléfono y fuimos muy prudentes a la hora de utilizar el correo electrónico. De puertas afuera hicimos creer que preparábamos un libro sobre la historia de Luxemburgo. En un primer momento yo trabajé a partir de transcripciones de las entrevistas realizadas. Una parte importante del material de este libro procede de lo que Ernest me contó ; estos relatos serán el hilo conductor de la demostración. Nos vimos con frecuencia durante los seis primeros meses del año 2000. Bastante menos después. Tuve que confrontar los distintos elementos que Ernest me suministró con los actores de los diferentes relatos, fundamentalmente banqueros y técnicos del clearing.

Hubo choques y enfados entre nosotros dos. Ernest se quejaba de mi lentitud en la comprensión ; yo, de sus dudas a la hora de realizar ciertas acusaciones o de su deseo frecuente de tratar con indulgencia a su país. Desde hacía años Ernest guardaba para sí todo lo que había comprendido. Para él fue bastante doloroso salir de su reserva. A medida que el libro avanzaba él entendía mejor su posible impacto. Gracias a Ernest yo he descubierto, con excitación y espanto, un mundo inexplorado.

Soportamos muchas presiones. Yo no había imaginado lo difícil que podía ser investigar sobre este mundo. Todas las personas que encontré comparten un punto en común : el miedo. Unos temen por su reputación, otros por su trabajo. Unos cuantos por su vida. Algunos, después de haber hablado, me suplicaron que no escribiera nada. Otros me dieron citas a las que nunca acudieron. Muchos me han mentido.

A menudo tuve la impresión de haberme convertido en un explorador inmóvil, pasando de un paraíso fiscal a otro, de un banco japonés a una compañía de inversión registrada en Singapur, siguiendo los circuitos subterráneos de los contrabandsitas de la faxmoney.

Una de las primeras observaciones desagradables que me hizo Ernest Backes al iniciar nuestras entrevistas se refería al estado de la prensa en Francia : "Me produces la misma sensación que muchos otros periodistas franceses. Sois como abejas que recolectáis el néctar y olvidáis fabricar la miel." No entendía muy bien lo que quería decir.


1. Compañías cuya producción es inexistente y cuyo objetivo principal es el fraude fiscal. El término offshore significa : "fuera de las aguas territoriales". Las sociedades panameñas o los Anstalt de Lienchestein son sociedades offshore. Dicho de otra manera, una compañía de este tipo se mantiene alejada de los países donde sus actividades podrían suscitar la curiosidad de las autoridades. 2. Cerca de un billón de dólares en fondos de pensiones en 1999. 3. Según International Money Marketing, febrero del 2000. 4 Yves Bernard y Jean-Claude Colli definen así el término compensación : "Sistema contable de pago entre dos o más entidades recíprocamente deudoras y acreedoras mediante el que se limita el empleo de medios de pago en el momento de liquidar el saldo neto de dichas relaciones." Vocabulaire économique et financier, Éditions du Seuil. 5. Desde el primero de enero del 2000, Euroclear ha pasado a llamarse Euroclear Bank. 6. Clearing viene del verbo inglés to clear, una de cuyas acepciones significa "compensar un pago". 7. Pendant les "affaires", les affaires continuent, Stock, 1995. 8 El BIL estaba entonces bajo la presidencia de Gaston Thorn, antiguo primer ministro liberal y presidente de la Comisión europea hasta 1982. Ya veremos que numerosos políticos luxemburgueses ejercen funciones importantes en el sector bancario. 9. Con motivo de una serie de entrevistas con distintos magistrados europeos que habían dado lugar a la publicación del libro La Justice ou le chaos (Stock, 1996), estos últimos lanzaron un llamamiento en la universidad de Ginebra el primero de octubre de 1996. En este texto se apuntaba la necesidad de una justicia internacional independiente en la lucha contra el crimen organizado. 10 Journal intime des affaires en cours, codirigido por Philippe Harel (en salas en abril de 1998 ; programado por Canal + Francia en julio de 1999). 11. La era del dinero virtual comenzó antes de la creación de los sistemas internacionales de clearing a finales de los años 60. Entonces y durante los años 70, las transacciones entre los usuarios de estos sistemas se realizaban a través de télex codificados. Cuando, a comienzos de los años 80, el uso del fax se impone, las primeras operaciones se realizan por este medio, y son muchos los que empiezan a utilizar la expresión faxmoney para caricaturizar la velocidad cada vez mayor de la circulación de capitales acompañada de la desaparición material de los miles de millones trznsaferidos. 12. Mientras que el accionista es el propietario de una empresa, el obligacionista no es más que el acreedor de una empresa. Esta es la razón por la que cobra los intereses fijados en el contrato de préstamo. El mercado de obligaciones ha crecido de manera espectacular durante las últimas décadas hasta convertirse en el más importante del sistema financiero. Diferentes tipos de obligaciones han hecho su aparición : las obligaciones a interés variable, las obligaciones negociables en acciones, etc. 13. La compañía francesa, creada a mediados de los años 60, se llama Sicovam : Sociéte interprofessionnelle pour la compensation des valeurs mobilières. En julio del 2000 fusionó con Euroclear. La compañía nacional de clearing en los EE.UU. se llama DTC (Depositary Trust Company). El mercado interno de clearing en los EE.UU. es más importante que el conjunto de todos los mercados a cargo de Cedel y Euroclear. La compañía de clearing belga se llama CIK ; la suiza, SEGA ; la inglesa, Crest ; la holandesa, Necigef. En Alemania se habla de "Kassenvereine" regionales, reunidos en Frankfurt en la Deutscher Auslandkassenverein (hoy en día llamada Deutsche Boerse-Clearing). La fusión de esta compañía, que ya en los años 70 formaba parte de los fundadores y primeros accionistas de Cedel, con la Cedel en enero del 2000 dio lugar al nacimiento de Clearstream. 14. Término colectivo usado en principio para designar una cartera de títulos compuesta de acciones y de obligaciones. Hoy en día este término designa cualquier otro tipo de instrumento de inversión. 15. Journal intime des affaires en cours, ya citado. 16. Antes llamada las Nuevas Hébridas, la república de Vanuatu es un antiguo condominio (estado con doble soberanía) franco-británico situado en el Océano Pacífico. Las 80 islas que lo componen (la capital Vila se encuentra en la isla Espíritu Santo) se extienden a lo largo de unos 800 kilómetros y en ellas viven 800.000 personas. 17. Jean de Maillard, magistrado, es el autor de Les Beaux Jours du crime. Vers une société criminelle ? (Plon, 1992) y del atlas Un monde sans loi. La criminalité financière en images (Stock, 1999).

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